Para el mundo exterior, Victoria lo tenía todo: un apellido influyente, joyas que deslumbraban y un matrimonio perfecto nacido de una alianza empresarial impecable. Para ella, ese matrimonio era una jaula de oro donde su verdadera pasión —el arte y el diseño que alguna vez llenaron su alma— se asfixiaba bajo el peso del deber.
El eco de los tacones de Victoria resonaba en el mármol frío del ático de la familia Montero. Eran las once de la noche. En la mesa, una cena intacta y fría servía como monumento a otra promesa rota. Su esposo, Alejandro Montero, el brillante y calculador CEO que levantaba imperios de acero, no llegaría a casa. De nuevo. Entre el deber y la pasion (De Amores y Matrimo...
—Porque tontamente esperaba que hoy fuera diferente —respondió Victoria, sintiendo una chispa de rebelión nacer en su pecho—. Mañana es la inauguración de la galería. Te pedí que vinieras. ¿Lo olvidaste? Para el mundo exterior, Victoria lo tenía todo:
Alejandro se detuvo. Sabía perfectamente lo mucho que esa exposición significaba para ella. Era el primer paso de Victoria para recuperar su pasión perdida. Pero una crisis en la empresa exigía su presencia en Londres al amanecer. El peso del deber familiar y corporativo lo aplastaba. Eran las once de la noche
De repente, la puerta principal se abrió. Alejandro entró, desabrochándose la corbata con un gesto de cansancio extremo. Sus ojos oscuros, usualmente fríos y distantes, se encontraron con los de ella.
—¿Por qué sigues despierta? —preguntó él, su voz era un susurro ronco que cortaba el silencio.