Esa mañana, la lluvia de abril había decidido hacer acto de presencia. Marco sacó un paraguas grande, de esos que parecen familiares, y lo extendió sobre ambos.
—Es un mocasín, Marco. Y no corro por un baile real, corro porque si llego tarde otra vez, mi jefa me convierte en calabaza, pero de las que van directo al paro. Ni tu eres un principe ni yo he perdido un zapa...
Ambos se conocían de vista. Eran los "eternos del 42", esos desconocidos que comparten trayecto cada mañana. Él siempre con su café en mano y ella con un libro diferente cada semana. Esa mañana, la lluvia de abril había decidido
—Solo intentaba ser amable —dijo Marco, encogiéndose de hombros—. Te vi corriendo para alcanzar el bus y pensé que se te iba a salir el tacón. Y no corro por un baile real, corro
Elena lo miró de reojo. No había purpurina, ni castillos, ni promesas de amor eterno. Había un tipo normal, con los zapatos algo mojados, ofreciendo un refugio contra la lluvia madrileña.